LA SERENIDAD

La imagen de la mujer oriental que ha llegado a Occidente (no tanto la del hombre quien ha transmitido otra muy distinta), ha sido la de alguien apacible, sosegado y difícilmente alterable. Estado mental y físico privilegiado que me provoca pesar porque nosotras, todo lo contrario, apretamos el paso y los dientes, gritamos y nos estresamos, vivimos en constante movimiento, nos devoran los minutos y vamos inquietas por la vida.

La serenidad más que una cualidad me parece un estado de gracia, otorga claridad de pensamiento, templanza en la toma de decisiones, calma en cada movimiento y estabilidad vital.

Desde principios del siglo pasado nos han llegado de Oriente miles de disciplinas que nos ayudan a acercarnos a ese estado mental de equilibrio: Acupuntura, Digitopuntura, Feng Sui, Meditación, Nuad bo-rarn, Pilates, Shiatsu, Shintoismo, Tai-chi-chuan, Tantra, Taoismo, Raja Yoga, Gñana Yoga, Karma Yoga, entre otras, y posiblemente todas funcionen igual de bien, la elección sólo depende de cada uno. Hay incluso quien se ha habituado a comer sushi y sashimi de manera regular, se dice que somos lo que comemos, como método para llegar a ese plácido estado de la mente.

Creo firmemente que un vestuario contribuye a propiciar un cambio de actitud en una persona. Nunca será igual el talante si la indumentaria está plagada de pedrería que si lo está de tachuelas y pinchos, ni si calzas un zapato deportivo o un tacón de 12 centímetros. La conducta y la postura cambian necesariamente.

El desfile de Haider Ackermann para la primavera/verano de 2013 transmite tranquilidad en las mezclas, sosiego en los tejidos, calma en la manera de caminar, aplomo en el patronaje, moderación en el color y la serenidad de la mujer oriental.

Sincerely. Adela Leonsegui*


OCHENTA MUSAS DE GAULTIER

La década de los ochenta, hablo a nivel mundial y no de la movida madrileña, es la de los yuppies, el culto al cuerpo, el lujo ostentoso casi hortera, el consumismo, la cirugía estética, la cocaína, el moreno absurdo y la ambición, pero también es la década en que la mujer, de manera generalizada, dejó de ser un mero complemento del hombre y pasó a tener su propia identidad, su propio dinero e incluso sus propios puestos directivos.

Se notó en el ámbito financiero, empresarial, en la manera de vestir y en las muchas y diversas divas del pop que surcaron, algunas todavía lo hacen, las ondas radiofónicas:

La andrógina Grace Jones, con su pelo peinado a cepillo

La angulosa y cambiante Annie Lenox

La provocadora Madonna, su like a virgin

y su corpiño, aunque la gira fue en 1990

La exótica, elegante y femenina Sade

La incombustible Jean Birkin

Las llamativas y combinadas Agnetha y Frida (ABBA)

La discutida Amanda Lear, en persona

Y algunos sorprendentes hombres:

El confuso Boy George

El ambiguo Ziggy Stardust (David Bowie)

Y el inquietante Michael Jackson.

No sé bien si Jean Paul Gaultier ha querido hacer una performace, un teatro o simplemente un homenaje a sus deliciosos ochenta y a sus muchas musas, en cualquier caso el resultado es de lo más evocador.

Sincerely. Adela Leonsegui*