UN LLANTO DE LLORONA

Un día 5 de agosto se llevó a Marylin Monroe y a Chavela Vargas. Tanta gente las lloró vivas, tanta las lloró muertas…

Lloremos un llanto de llorona: y te perdí mujer de Pablo Neruda.

Y te perdí mujer. En el camino
me prendiste una lámpara fragante,
entonces se aromaron y se hicieron divinos
todos estos cansancios humildes y constantes.

No sé si apenas eras una leyenda o eras
un río que afluía para todo dolor
pero si fue leyenda para mi
enfloreciste aromas dentro de mi canción.

 

Hiciste un semillero de ilusiones
que vivió ingenuamente en mi tristeza.
Lentamente. Fue el jugo de rencores
echados sobre el jugo de rencores
sobre el manto de la ilusión ingenua.

En mi torre de odios tuviste una ventana
(Un vidrio ilusionado, transparente y gentil.)

Ya se quebró. Es inútil que te llame mi amada
porque, mujer, en una negrura te perdí.

Sincerely. Adela Leonsegui*


LO QUE TIENE LA HISTORIA

Si no conoces la historia corres el riesgo de cometer los errores que ya se han cometido, claro que conociéndola, a la vista está, también. Esta manía que tiene el ser humano de creer que sus errores no van a tener las mismas consecuencias que los de sus antepasados, cuando está actuando exactamente igual, es de un burro que asusta.

Hay una mujer, me atrevería a calificarla de la primera it girl (ahora hay tantas, que no da tiempo a aprenderse sus nombres), cuya vida me parece extraordinaria. Una it girl no es más que una chica mona, rica y moderna, a la que todos quieren fotografiar y vestir porque es capaz de vender más que un anuncio, pero esta es diferente, se trata de Nancy Cunard.

Es cierto que lo de mona y rica encajan en su perfil. Lo de la belleza se ve en las numerosas fotografías y pinturas que existen de ella. Su época no es la de Sartorialist, es la de Man Ray

ni la de Dior o Gucci, sino la de Poiret, Wooth o Molineaux.

Lo de rica le vino de cuna: biznieta del fundador de la naviera Cunard Line. Nada más que añadir.

Excéntrica y diferente, como deja claro su atuendo compuesto principalmente de grandes pulseras de marfil que llevaba hasta el codo y los ojos pintados de kool, llama la atención hasta de las modernas del siglo XXI y es un icono a quien nadie le quita el puesto.

Pero vamos con lo que de histórico tiene su vida: se enamoró, en plenos años 30, de un músico negro de jazz, Henry Crowder, eso si que es ser moderna. Por supuesto fue desheredada de inmediato, erigiéndose en defensora de los derechos civiles y causas antifascistas. Aquí termina su periplo como it girl y se dedica a la vida editorial, por la que seguramente es más recordada.

Amiga de Ernest Hemingway,  James Joyce o Pablo Neruda, quien dijo de ella: su cuerpo se había consumido en una larga lucha contra la injusticia en el mundo. No recibió más recompensa que una vida cada vez más solitaria y una muerte desamparada.

Pues eso, que no se nos consuma el cuerpo en la lucha contra la injusticia, espero que entre todos le ganemos la batalla. Lo que tiene la historia es que podemos aprender de ella.

Sincerely. Adela Leonsegui*