DESPERTARES DE CANNES EN COLOR

¿Pero quién quiere vivir una vida en blanco y negro?

Un martini rojo con su rodaja de naranja me devuelve al color, a los vuelos low cost con los que te plantas en Niza en menos de un santiamén para pasear por la croisette de Cannes, eso sí como mera turista o cotilla

a las mil fotos digitales que puedo hacer en un momento sin que me cueste un duro el revelado

a los labios que también son rojos para quienes los ven en revistas

a las plumas que se mueven

a las gasas de colores

a las estrellas que otros, en otro tiempo, mirarán con nostalgia

Porque este es mi tiempo, nuestro tiempo, ojalá que nadie nos lo estropee…

Sincerely. Adela Leonsegui*


SUEÑOS DE CANNES EN BLANCO Y NEGRO

El festival de cine de Cannes cumple 65 años.

Quizá porque algunas de las fotos más bellas de mis padres están hechas en blanco y negro, es por lo que cuando pienso en Cannes yo vea sus mejores imágenes en esos colores.

Puede que, necesariamente, el festival esté ligado de manera inseparable a la palabra Glamour, eso que nadie es capaz de definir más allá de un “je ne sais quoi” y que yo asocio, también de manera inseparable, a aquellas mujeres de los 50 con sus curvas y sus poses, algunas imposibles e incluso impostadas…

Tal vez, porque los actores europeos, entonces mucho más presentes, estaban hechos de otra madera

O porque, entonces, las niñas sí querían ser princesas y hacían lo posible para ello

Puede que no imagine un martini en el Hotel Martínez en otro color que no sea el blanco y negro. No yo no lo veo.

Y es que lo que tenía aquél festival de Cannes con el que soñábamos eran grandes dosis de la inalcanzable Costa Azul, aquella que no soñábamos ver, ni mucho menos pisar, cuando todo era en blanco y negro.

Sincerely. Adela Leonsegui*