HAIDER ACKERMAN. DAME COBIJO

Haider Ackermann

Haider Ackermann

No son buenos tiempos para la moda. Muchos desfilan pero pocos destacan. Una mala racha por miedo a no gustar, a no acertar, a no vender. Pero al ver la colección de Haider Ackerman, magistral sin hacer ruido, me ha hecho pensar en lo que dice la canción: por favor, dame cobijo.

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CUENTOS DE MUJERES

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Tilda Swinton. Portada de W Magazine con chaqueta de Celine

A veces el mundo de la moda sorprende con producciones que, en opinión de algunos se podrían calificar como obras de arte, en opinión de otros, entre quienes me incluyo, son fotografías de auténticas performances, verdaderas obras de arte.

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PINPANPUNK

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En una misma imagen Sid Vicius (Sex Pistols) y una creación de Karl Lagerfeld (Chanel). El Punk, la antimoda, el hazlo tú mismo a coste cero junto a la alta costura, la hecha a medida a precios astronómicos.

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LA SERENIDAD

La imagen de la mujer oriental que ha llegado a Occidente (no tanto la del hombre quien ha transmitido otra muy distinta), ha sido la de alguien apacible, sosegado y difícilmente alterable. Estado mental y físico privilegiado que me provoca pesar porque nosotras, todo lo contrario, apretamos el paso y los dientes, gritamos y nos estresamos, vivimos en constante movimiento, nos devoran los minutos y vamos inquietas por la vida.

La serenidad más que una cualidad me parece un estado de gracia, otorga claridad de pensamiento, templanza en la toma de decisiones, calma en cada movimiento y estabilidad vital.

Desde principios del siglo pasado nos han llegado de Oriente miles de disciplinas que nos ayudan a acercarnos a ese estado mental de equilibrio: Acupuntura, Digitopuntura, Feng Sui, Meditación, Nuad bo-rarn, Pilates, Shiatsu, Shintoismo, Tai-chi-chuan, Tantra, Taoismo, Raja Yoga, Gñana Yoga, Karma Yoga, entre otras, y posiblemente todas funcionen igual de bien, la elección sólo depende de cada uno. Hay incluso quien se ha habituado a comer sushi y sashimi de manera regular, se dice que somos lo que comemos, como método para llegar a ese plácido estado de la mente.

Creo firmemente que un vestuario contribuye a propiciar un cambio de actitud en una persona. Nunca será igual el talante si la indumentaria está plagada de pedrería que si lo está de tachuelas y pinchos, ni si calzas un zapato deportivo o un tacón de 12 centímetros. La conducta y la postura cambian necesariamente.

El desfile de Haider Ackermann para la primavera/verano de 2013 transmite tranquilidad en las mezclas, sosiego en los tejidos, calma en la manera de caminar, aplomo en el patronaje, moderación en el color y la serenidad de la mujer oriental.

Sincerely. Adela Leonsegui*


EL TANGO DEL ARCOIRIS

Ok Go y su Skycrapers me llevan al verano


Pues precioso, pero discrepo en la elección del vestuario. Estos son los vestidos que yo hubiera elegido

Negro de Lanvin

Rojo de Valentino, quién si no?

Estampado cálido de Dolce & Gabbana

Un naranja de Oscar de la Renta

 El delicioso amarillo de Louis Vuitton

Un coral de Diane Von Fustemberg

El verde con amarillo de Donna Karan Collection

 O de Jason Wu

Folklórico celeste de Missoni

Verde intenso de Zac Posen

Turquesa de Alberta Ferretti

El violeta de Haider Ackermann

Un azul añil de Ann Valerie Has

Un morado cardenal de Hermés

Y el blanco maravilloso de Alexander Mcqueen

Aunque si lo pienso bien, quizá hubiera quedado un poco sofisticado, bastante más caro y con dificultad hubiera podido bailar el tango.

Sincerely. Adela Leonsegui*


ENVIDIA PURA

Dicen que el pecado más auténticamente español es la envidia. Yo no sé si la envidia sana existe, creo que son palabras contradictorias, porque la desdicha por el bien ajeno no puede ser saludable bajo ningún concepto. Pero cuando con una sonrisa en la boca, un ligero movimiento de cabeza y un guiño se le dice a alguien ¡qué envidia!, estoy segura que tiene mucho más de piropo que de coraje (en el sentido de ira, no de valor).

He presenciado el desfile de Haider Ackermann con todos los elementos de la envidia piropera hacia las modelos calándome por los cinco sentidos.

EL TACTO. La suavidad de las pieles, tan maleables… al contacto con sus propias pieles

LA VISTA. Se ve a legua, el patronaje es perfecto y nadie que no sea una de ellas se puede permitir ese largo de falda.

EL OLFATO. El olor a calidad de los tejidos que las envuelven.

EL GUSTO. Un gusto exquisito ir vestida con los colores azafrán y mostaza.

EL OIDO. Frank Sinatra cantándoles bajito.

Sincerely. Adela Leonsegui*