ESA GENTE EXTRAVAGANTE

Botín de Nicholas Kirkwood o/i 2012-2013

Dice el zapatero Nicholas Kirkwood que una de las cosas que aprendió cuando trabajaba para el mítico sombrerero Philip Tracy, es que la extravagancia es un buen arma para hacerse un nombre. Él desde luego ha puesto en práctica esta máxima y su nombre ahora se escribe con mayúsculas en los pies de muchas mujeres.

La extravagancia no es una cualidad en si misma, lo raro puede resultar sólo chocante e incluso grotesco; para que se asocie a la originalidad y provoque admiración debe tener personalidad, para que sea excepcional ha de responder a un discurso previo, tener un contenido que no haga ridículo lo diferente.

Pero ¿es esta época de arriesgar tanto?. Todas lo son.

Extravagante ha sido la evolución de la cultura del S. XX, todas las artes se han transformado a costa de los propios artistas. A la mayoría de ellos se les ha entendido años e incluso décadas después de que ejecutaran su obra y muchos ya habían desaparecido para entonces. Ahora las cosas son distintas, la democratización de la cultura ha provocado el cambio. La revolución ha sido que ya nadie necesita que alguien le aclare lo que vale y lo que no, lo correcto, lo bello, lo amable, lo que merece la pena ser visto, leído, escuchado, amado. Cada uno selecciona según su criterio, luego, la historia se encargará de lo demás.

Vaslav Nijinsky 1907

En la primera década del S.XX en una Europa occidental  apagada aparecieron los ballets rusos con sus piedras, brillos, dorados y brocados en decorados y vestuario. Llegaron a París en 1909, al principio no era más que un espectáculo, pero pronto toda la población parisina se fascinó de tal modo con la nueva estética venida del Este que se impregnó hasta en la moda y el maquillaje. Parecía imposible que aquellos extravagantes Valsav Nijinski, Anna Pavlova, Vera Fokina o Michail Fokin pudieran causar tanto furor en la mente de la sosa sociedad francesa, pero desde Erté a Poiret, pasando por Isadora Duncan, la reina entre las reinas del espectáculo, cayeron rendidos a sus pies.

Portada de Vogue del año 1911 y de 1918

En 1922 sale a la luz el libro de Victor Margueritte “La Garçonne”. Curiosamente, el libro que dió nombre a las chicas de los 20’s fue censurado por su contenido pornográfico, que no era más que la descripción que hacía de las mujeres: pelo corto, trabajadoras, vestidas con ropa masculina y entregadas al amor libre sin pudores, es decir, la mujer en que se convirtieron las de aquella época y que nunca más quisieron dejar de ser. Las mujeres de los 20’s fueron las primeras liberadas de ataduras y corsets en sentido literal y figurado; alguna como Margueritte Radclyfe Hall y su libro “El pozo de la soledad”, pasaron a ser un referente lésbico.

Margueritte Radclyfe Hall

La amante de las pieles exóticas, la actriz Phyllis Gordon, iba de compras por Londres con su tigre de Kenia atado y un zorro envuelto al cuello. Eran los 30’s, Europa había sufrido la gran guerra y atravesaba después la gran depresión. La miraban, claro que la miraban, su diferencia era evidente y provocadora. Otras fueron tachadas de fulanas, como Marlene Dietrich a la que le fascinaba escandalizar vestida y tocada con ropa de hombre, claro que era fácil llamar la atención con un simple cigarrillo y el pelo despeinado, como Frances Day (en la fotografía es casi una antepasada de Lady Gaga)

Phillis Gordon 1939

Marlene Dietrich

La estrella erótica del cabaret Frances Day

En los 40’s una nueva mujer aparece en el cine: Katherine Hepburn. Seductora, de figura atlética, pose despreocupada y belleza implacable. De ella ha bebido la estética de todas las décadas del siglo XX y lo que va del XXI. La transgresión también vino de la mano de los franceses Jacques Heim y Louis Réard, creadores el biquini, un pecado que lucían las extranjeras y que ninguna española pensó que se pondría.

Katherine Hepburn

En los 50’s la corriente existencialista de Sartre, llamada por los positivistas “corte irracional”, causa furor e impregna el arte. En literatura destacan nombres como Kafka o Hermann Hesse y en el cine Ingmar Bergman e incluso quienes no entendían el existencialismo vestían de negro y pasaban la noche fumando y bebiendo en un club de jazz, por si se les pegaba algo. En la misma década, a alguien se le ocurrió, aberración donde las hubiera, sacar al exterior lo que hasta entonces era la ropa interior de caballero, mezclarla con un vaquero, una cazadora de cuero y un chico muy turbador en “Un tranvía llamado deseo”. Desde entonces la camiseta se ha convertido en un básico del armario masculino y femenino.

Marlon Brando

La música de los 60’s convulsionó al mundo y lo dividió entre un amplio grupo que amaba el rock & roll, se drogaba, gritaba histéricamente a los Beatles o a los Rolling Stones y vestía prét-à-porter, a un lado y, al otro, el de los anclados al ritmo de la música sosegada y a la ropa de costura, es decir, hijos y padres. Ganó el primero. La mujer nunca había vestido de punto hasta que llegó Sonia  Rykel que se convierte en la reina del knitwear cuando decide colocarse una de sus prendas al revés, con las costuras por fuera. Seguramente la miraron de soslayo, pero fueron tantos los encargos, que desde entonces nadie ha conseguido que abandone su trono y tampoco su pelo frito. Y su marca sigue en la brecha.

Sonia Rykel

Los 70’s fueron la década de la democratización del pantalón vaquero, aquella prenda underground, pero además han dejado una gran cantidad de iconos estéticos que creímos desaparecidos y que se han recuperado. Las patas de elefante, los leggins, las uñas negras o el punk. Este último, como por arte de magia, ha pasado del suburbio a las calles comerciales. Esto era el punk antes

Punks en los 70’s

Esto es lo que queda del punk ahora, poco pero muy significativo. Ya no las llaman tachuelas, las llaman tachas y los pinchos no se clavan.

Bolso de Zara. 2012

En los 80’s, época de excesos, milagrosamente y de manera tímida Oriente aparece en nuestra moda de la mano de Kenzo, Rey Kawakubo e Issey Miyake. Plisados, volúmenes desconocidos, plástico y otros materiales nunca usados para vestir se convertirán en lo más moderno y lo más caro. Ahora Oriente lo es todo y, según presagian, lo será aún más.

Corset de plástico de Issey Miyake

En los 90’s llega el minimalismo, que es la simplicidad del rico, cualquier imitación no es más que pobreza, el menos es más se hace mantra, pero siguen en auge las top models, esas excesivas marcianas guapísimas, altísimas y que no se levantaban de la cama por menos de 10.000 dólares. Algunas siguen en activo, se las ve en algún desfile y lo cierto es que se conservan muy bien, es la década en que aparece Kate Moss, rara avis si la comparamos con sus compañeras. De ella se sabe todo, está en todas partes y se levanta de la cama para hacer lo que le da la gana, ya ha ganado dinero suficiente y sigue haciendo su trabajo veinte años después.

kate Moss. Portada de The Face en 1990

De las actuales extravagantes no sabemos si alguna se perpetuará, ellas o su estilo. Quizá ahora son demasiadas.

¿Tendrán Lady Gaga y compañía un discurso perdurable o se desvanecerán como el humo que las trae a los escenarios?

Lady Gaga. L’uomo Vogue 2012

Dejemos que pase el tiempo que nos dirá si lo que veíamos no era más que un disfraz, un comportamiento grotesco o algo verdaderamente original que merecía la pena recordar.

Sincerely. Adela Leonsegui*.


ILUSTRADORES ILUSTRES

Cuando la fotografía era un lujo, cuando no existían las kodak, ni las canon, ni las polas (en eso la segunda década del XXI, se parece a la del XX porque ya han desaparecido), ni se pensaba en la era digital, la moda se mostraba con dibujos hechos a mano.

En un mundo en el que la comunicación no iba por megas ni número de descargas, la manera de asomarse a él era a través de las revistas y éstas daban luz al entendimiento mediante ilustraciones.

Todo empezó con el francés Paul Iribe, que trabajó con Paul Poiret. Era casi un hombre del renacimiento: dibujante de publicidad, interiorista, caricaturista, diseñador de mobiliario, de tejidos, de joyas, de vestuario para el cine, escenógrafo y por supuesto, ilustrador.

Paul Iribe. 1883-1935

Poiret también trabajó con el ruso George Barbier, otro multitalento que había publicado representaciones de los ballets rusos, también ilustró libros, entre otros Las Amistades Peligrosas. Se le considera como el gran ilustrador del Art Decó y entre sus aportaciones está la pantera de cartier.

George Barbier. 1882-1932

Siguiendo la estela del Art Decó encontramos al francés André Edouard Marty, éste en sus ilustraciones para la Gazette Du Bon Ton solía representar escenas de una vida perfecta. También ilustró otras revistas como Vogue, Vanity Fair y House & Garden. Además de ilustrar la moda de Poiret trabajó con otros diseñadores como Jeanne Lanvin o Perrin

André Edouard Marty. 1882-1974

Más artistas para Poiret, el francés George Lepape, con quien elaboró el album Les choses de Paul Poiret vues por George Lepape, del que, por su elevado coste, se imprimieron muy pocos ejemplares.

George Lepape. 1887-1971

Otro descubrimiento de Poiret fue el ruso Roman Petrovich Tyrtov, Erté. Era un verdadero artista que decía de su obra: no conoce el realismo, es la expresión de los sueños… y realmente siempre hizo lo que quiso, representar sus sueños.

Roman Petrovich Tyrtov, Erté. 1892-1990

Eduardo García Benito fue el máximo exponente del Art Decó español. Ilustrador de revistas como Gazette Du Bon Ton, Vogue o Vanity Fair, pero además se movía en el círculo parisino de pintores como como Gargallo, Picasso, Gauguin, Juan Gris o Modigliani, dejándose influenciar por ellos. En sus últimos años trabajó más como muralista, retratista y pintor.

Eduardo Garcia Benito. 1891-1979

Contemporáneo de Eduardo García de Benito fue Carlos Saenz de Tejada, también español aunque nacido en Tanger. Las figuras femeninas que ilustraba tenían un aspecto más estilizado y deportivo, que reflejaba el espíritu de la mujer de los años treinta.

Carlos Saenz de Tejada. 1897-1958

El americano John Held fue el pintor de las flappers, los automóviles, la diversión y los bailes, transmitió con fidelidad el estilo de vida de los años veinte.

John Held. 1889-1958

El rechazo inicial a trabajar para Vogue dice mucho del carácter del francés Christian Berard, Bebé. Un humanista abiertamente homosexual en los años 30. Realizó las escenografias de varias películas de Jean Cocteau, entre otras la Bella y la Bestia y la Voz Humana. Ilustró la moda de Coco Chanel, Elsa Schiaparelli y Nina Ricci.

Christian Berard. 1902-1949

La alemana Dörte Clara Wolff, Dodo, era una artista ligada al movimiento Neuen Sachlichkeit  (Nueva Objetividad) surgido tras la Primera Guerra Mundial. Dodo plasmó a la frívola clase alta berlinesa de una forma alegre pero cargada de sátira, retrataba a hombres y mujeres aburridos e insatisfechos, a pesar de tenerlo todo. El estilo Art Decó está presente en las ilustraciones de esa época que terminó con el viernes negro.

Dörte Clara Wolff, Dodo. 1907-1988

El americano Carl Ericson, Eric, ilustrador de Vogue y publicista de la marca de cosméticos Coty, plasmó el life style de los años 40 americanos en cientos de dibujos. Siempre pintaba del natura, es decir, con modelos que posaban para él.

Carl Ericson, Eric. 1891 1958

El conde francés Rene-Bouet Willaumez, como no podía ser de otra manera, trasladaba a Vogue la alta sociedad en la que se movía, primero en París, luego en Estados Unidos. No tenía formación artística, pero su espontaneidad y su forma de dibujar casi expresionista le permitió estar ligado durante años a la editorial Condé Nast.

Rene Bouet Willaumez. 1900-1979

Un italiano en París, Conte Renato Zavagli Riciardelli, René Gruau. Comenzó como diseñador de moda pero se pasó a la ilustración trabajando para revistas como Femina y Marie Claire hasta que en 1947 Chistian Dior le pidió un dibujo para ilustrar la publicidad de Miss Dior y ahí empezó la leyenda. Gruau trabajó también para Balmain, Givenchy, Fath o Balenciaga, además de para Vogue o Madame Figaro.

René Gruau 1909-2004

Un repaso ilustrado de lo que ha sido la historia de la primera mitad del S. XX, no sólo de su moda sino de la mujer, la sociedad (la alta sociedad) y el estilo, el estilazo.

Sincerely. Adela Leonsegui*