GIVENCHY Y LA VIRGEN BIZANTINA

Riccardo Tisci nos tiene acostumbrados, desde hace tres temporadas, a enseñar sus colecciones de alta costura para Givenchy en plano, sin desfile, sin artificio, por delante y por detrás.

Como si de Vírgenes Bizantinas se tratara, te miran de frente, no hay acción, ni movimiento, ni música, sólo el vestido, casi una túnica y una modelo que no posa.

Entonces sólo te queda mirar el detalle, el color, el tejido, el corte, la costura. Nada invade el espacio que hay entre el traje y yo, no hay elementos que entretengan, que puedan desviar la atención de lo importante, puedo concentrarme y me tomo mi tiempo para observar de la cabeza a los pies: las gafas, los rojos, los flecos, las pieles, los negros. las sandalias, un perro…

 

Y luego la virgen se da la vuelta, es una imagen extraña, me deja todo el protagonismo de la escena, sólo yo actúo, miro, observo

 

 

Y ahora soy yo la virgen bizantina, me quedo paralizada, estática, no hay acción, ni movimiento, ni música, sólo los vestidos en mi cabeza y una modelo que no posa.

Sincerely. Adela Leonsegui*


EL BOSQUE ANIMADO

El principio de una colección es encontrar un concepto.

Sin concepto, sin un hilo conductor de la historia que vas a contar a través del vestido, no hay nada, sólo una serie de trajes inconexos, mejor o peor hechos, de mejor o peor gusto, pero no es una colección.

En las grandes pasarelas es fácil ver buenas colecciones y, en ocasiones, colecciones perfectas como esta.

Giambattista Valli, haciendo malabares con el patronaje en su colección de alta costura para el invierno 2012/2013, ha creado un bosque lleno de flores, de plantas, de mariposas, ninfas, escarabajos y hojas.

Es el realismo mágico de las novelas de Gabriel García Márquez, el bosque animado, el sueño de una noche de verano.

Y vendrán muchas noches y muchas flores.

Y leyendo a Victor Hugo me despido.

Muere el día en verano. De sus flores cubierto,

vierte el campo a lo lejos un perfume embriagante.

Con los ojos cerrados y el oído entreabierto,

dormimos en un sueño más claro y fascinante.

Sincerely. Adela Leonsegui*