LA TIRANÍA DE PAUL POIRET

Dicen de Paul Poiret que fue el primer diseñador. Él mismo dijo “la moda necesita un tirano” y decidió actuar como tal.

Los vestidos de Paul Poiret los posaba con maestría su mujer Denise, joven y delgada, sobre todo comparada con la figura curvilínea de las mujeres de aquella época que ahora nos parece imposible, un escorzo, señoras encorsetadas pechugonas y culonas, pero era la realidad estética de finales del XIX y ellas no se veían raras.

Desde nuestro punto de vista, mujeres de sujetador y braguitas minúsculas, lo del corsé es pura mitología. Es cierto que el cuerpo ha cambiado, incluso hemos crecido respecto de la talla de hace 50 años, pero también tenemos menos pecho, más cintura y menos caderas, quizá el deporte y el cambio en la alimentación han jugado su baza, pues vale.

Pero todos esos cambios de cuerpo han venido acompañados, o precedidos, no lo sé, de cambios en la moda. Si las faldas se acortan, las piernas deben estar torneadas, si las mangas desaparecen, los brazos deben ser atléticos, si se llevan los cinturones, no se pueden tener michelines y así sucesivamente.

Así que Paul Poiret consiguió liberar a la mujer del corsé, pero creo otro mucho mayor: que la mujer quisiera un cuerpo que no necesitara corsé. Desde entonces, esto era principios del siglo XX, el gran tirano de la moda ha sido precisamente el cuerpo de la mujer.

Sincerely. Adela Leonsegui*