VESTIR EN LA GUERRA

Dean & Dan Caten. Dsquared2

Dean & Dan Caten. Dsquared2

Dsquared2 se dan la réplica a sí mismos. Tras una colección de hombre llena de alusiones a los 20’s y 30’s, al jazz y a los clubes nocturnos, presentan una colección de mujer inspirada en los años 40’s. Lógica evolución cronológica.

La primera mitad de la década está marcada por la guerra, por la precariedad de materiales y la escasez, entre otras muchas cosas, de metros de tela: todo se ciñe al cuerpo, desde las faldas a los abrigos; el estilo se militariza, la ropa práctica y el uso del pantalón por las mujeres se generaliza, debido posiblemente a su necesaria incorporación al llamado ‘servicio activo’.

El racionamiento hizo que en Inglaterra se establecieran una serie de normas sobre cantidad de tela por prenda, largos y anchos máximos de falda, números de pliegues e incluso botones; en un intento de ahorrar se prohibieron las vueltas en los pantalones, los bolsillos de parche o las pinzas. La seda se reservaba para fabricar los paracaídas, por eso estaba prohibido utilizarla para hacer ropa. Sólo se hicieron concesiones en los sombreros y los zapatos: las mujeres hacían malabarismos para sostener filigranas en la cabeza y para mantener el equilibrio sobre enormes plataformas de madera y corcho

Puestos en situación, entre 1940 y 1945, esto es lo que presentan los diseñadores.

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En estos años es Hollywood quien mantiene vivos los sueños, las divas del cine son las representantes del glamour, del brillo, del lujo. Antes de la llegada del ‘new look’ de Dior, con su derroche de metros de tela, tímidamente, desde las pantallas se empiezan a recuperar materiales lujosos y líneas sexies. La meca del cine vende fantasía y sus estrellas también: mujeres como Lauren Bacall, con trajes que exaltan a su envidiable figura; las actrices que ejercen de malas como Bette Davis o Joan Crawford; la bella, aparentemente frágil y seductora Rita Hayworth; Ava Gardner y sus ceñidos vestidos de satén o la sin par Marilyn, así sin apellido, y la sofisticación de sus pieles.

Dsquared2 lo sabe y así lo refleja en la colección.

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Una colección con mucho fondo histórico, esperemos que los de la escasez y la precariedad no sean los patrones que haya que seguir en el futuro.

Sincerely. Adela Leonsegui*



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