UNA MODERNA DE TODA LA VIDA

Ser moderno es lo contrapuesto a ser clásico pero tiene otra acepción: perteneciente al tiempo de quien habla.

Quien habla soy yo, mi tiempo es el S. XXI y de quien hablo es de Joan Crawford, una moderna. No me interesa lo que de ella han dicho sus hijos,  sus maridos, hasta cinco, o sus amantes pues cuentan que se acostaba con todo lo que estaba a su alcance, trato de analizar su vestuario y su reflejo en la sociedad.

Joan Crawford en los años 20

Tras la primera guerra mundial el mundo quiere pasarlo bien, se acortan las faldas, se aligeran los tejidos y se afinan las figuras, de bailar o para bailar.

Joan Crawford reúne todos los requisitos de la época, empezando por el corte de pelo, el sombrero tipo casquete, el vestido de seda en la primera fotografía y de volantes de flecos en la segunda, el largo por debajo de la rodilla, y teminando por los zapatos, merceditas o bicolor y las medias de seda con costuras.

Joan Crawford en los 30

Del glamour a la sobriedad. Sensualidad y lujo eran las consignas a principios de la década, comodidad en la segunda mitad.

En la primera foto toda ella, su vestido hasta los pies, los brazos desnudos y hasta su pose artificial, es puro años 30. Era esto lo que se esperaba de las estrellas, que sacaran a la masa de su triste existencia y la hiciera soñar con un mundo irreal mientras duraba la película.

Pero en su vida diaria, mujer liberada, aparece saliendo de una casa en plenas vacaciones con pantalones, gran escote y zapato plano, dando a entender que prefiere la comodidad a los rigores del glamour. Y por último, lo más atrevido: haciendo deporte en bañador, con gorro-turbante y en brazos de Clack Gable.

Joan Crawford en los 40

 

Una segunda guerra asoló el mundo. La ropa, no podía ser de otro modo, era sobria y la mujer fuerte pues había tenido que arrimar el hombro y trabajar duro adoptando una forma de vestir más masculina. Para cuando el mundo empezó a recuperarse, también lo hizo la moda, al menos en su aspecto, aunque no fuera hasta el final de la década que empezó a recobrar la calidad.

Hombros muy marcados, chaleco sin solapas, cuello de lazo… Más avanzada la década se empezó a utilizar el estampado, una señal de alivio por el fin de la guerra.

Joan Crawfor en los 50 

La vuelta al esplendor, a la sofisticación, a la elegancia y el glamour. Empieza a haber dinero para alargar las faldas y para utilizar pieles y plumas.

Las estrellas de Hollywood están para ser adoradas y ella, por supuesto, también.

 Joan Crawford en los 60

A estas alturas llegaron los trajes funcionales, la mujer estaba incorporada al trabajo, no en España pero esa es otra historia, y requería prendas y peinados que le permitieran estar cómoda y arreglada durante toda la jornada.

Y a estas alturas ella trabajaba más en Pepsi-Cola que en el cine. Era inmensamente rica y famosa, así que no necesitaba impostarse a sí misma.

Joan Crawford en los 70

Este era el aspecto de las mujeres de la época, traje sencillo, joyas o bisutería potentes y pelo cardado.

Este era el aspecto de Joan Crawford, brindando con Diet-Pepsi en copa de Champán. Una moderna, la pongas dónde la pongas.

Sincerely. Adela Leonsegui*


One Comment on “UNA MODERNA DE TODA LA VIDA”

  1. Javi. dice:

    Una que hizo (de sí misma) lo que quiso. Por su origen, podía haber sido frutera, como Edith Wharton dama de la alta sociedad, y acabó premio Pulitzer. Rompieron moldes y nunca estarán reivindicadas de más.


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