MARI TRINI Y EL ESPEJO MUTANTE

A menos que tengas un vestidor de película, o sea, del tamaño de un plató, es muy posible que hoy te plantees hacer el cambio de armarios: guardar por fin la ropa de invierno y sacar la de verano (glup!).

Empiezo con la parte del invierno:

Esta prenda, que no he parado de ponerme, está llena de bolas pero ya las quitaré la próxima temporada (sé que no lo haré pero, como una Escarlata O´Hara del siglo XXI, no es algo en lo que me vaya a parar a pensar hoy).

Esta otra, que no me he puesto en todo el invierno, la voy a guardar porque nunca se sabe…

De pronto, en el caos de mi armario, aparece algo que ni recordaba que tenía y que, sinceramente, no he echado de menos: me propongo ser más ordenada de aquí en adelante.

Luego viene la parte optimista: ropa que año tras año te acompaña bajo la perspectiva de que te vuelva a caber (ja!) o de que se te vaya la cabeza y te importe un comino ir embutida cual Jenifer Lopez

En cuanto a la ropa de verano:

En la primera bolsa encuentro camisetas: una descolorida, otra descolorida, una con las costuras torcidas, otra horrorosa que no recuerdo cómo llegó a mi armario, alguna de propaganda, todas las que guardé por no pararme a pensar. En fin, que lo que me queda son cuatro camisetas de nadadora en negro, blanco y algún color que este año no se lleva para nada.

Abro la segunda: vestidos. Me encuentro con alguna antigualla de la que nunca me he querido desprender, porque nunca se sabe, pero que no me voy a poner ni muerta.

Sigo con los pantalones. Resulta que hace cinco temporadas que sólo se han llevado los pitillos y los leggins y que este año lo que hay que ponerse es un pantalón pijama. Se me pasa por la cabeza reciclar uno que tengo de raso… pero mi pepito grillo me para los pies.

Me llevo una alegría, unos cuantos gorros, pamelas y sombreros que, asombrosamente, están en perfecto estado y me siguen quedando bien.

La sección zapatos también me da una alegría, aunque seguramente encontraré alguna excusa para comprar, al menos, un par nuevo.

Dejo para el final, a sabiendas de lo que me espera, los bañadores y bikinis. Me entran hasta escalofríos. Voy despacito a mirarme, casi de puntillas, tan blanquita, cuando me veo no doy crédito, pienso si, como en Alicia a través del espejo, alguien está ocupando mi puesto en el reflejo porque esa chica si, no, esa no soy yo.

Sincerely. Adela Leronsegui*


11 comentarios on “MARI TRINI Y EL ESPEJO MUTANTE”

  1. rebecaos dice:

    Claro que si! Eres tu! En tu version mejorada! Creo que nos has clavao a todas! Por lo menos a mi, si!
    Me ha encantado!

  2. Javi. dice:

    En lo que a espejos se refiere, los hombres también lloran:

    Por si alguien no tiene paciencia para verlo entero, imperdible desde el minuto 3.

  3. sbbstyle dice:

    Este post parece que habla de mi…cuánto caos entre ropa de armarios y altillos! Tendremos que proponernos seriamente la renovación de prendas 🙂
    Gracias por abrirnos los ojos!

  4. La Tía Petra dice:

    Qué verdad más grande….Qué horror el cambio de armario!! salir de uno para entrar en otro….

    Qué bien escribes, chata.

  5. María dice:

    Ayer tarde me entraron ganas de hacer como Rafael!

    Bss y gracias mil Adela nos tienes “enganchaos”.

    Suerte a tod@s con el cambio


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