ELEGIR PROFESIÓN

Se acerca la selectividad y hay quien tiene, desde muy pronto, sus ideas muy claras, sabe lo que quiere hacer y, por lo general, es la gente que suele conseguirlo pues lo persiguen sin descanso.

Seguramente influye, y mucho, el hecho de tener determinadas habilidades para que unos trabajos te atraigan más que otros pero, en muchas ocasiones, cuando llega el momento de elegir una profesión llevas tantos años estudiando que no recuerdas que era aquello que se te daba bien.

Muchas, muchísimas veces, la familia o los amigos son los que nos hacen inclinarnos hacia carreras que, una vez terminadas, pues ni fú ni fá. Suele pasar cuando previamente hemos dicho a todo el mundo, “es que en realidad no me gusta nada…” ¿pero cómo no te va a gustar nada?, o “es que no sé qué me gusta…” ¿pero cómo no lo vas a saber, será que no te has parado a pensarlo?

Por lo general la gente de ciencias no suele tener demasiados problemas a la hora de plantear “lo que quieren ser de mayor”, los de letras tampoco lo tienen tan difícil, te dicen que siempre podrás tirar por la docencia, pero en cambio a los de arte siempre hay alguien que quiere quitarle los pajaritos de la cabeza y probablemente son los que más claro lo tienen, desde la infancia.

Que si lo que te gusta es el arte, pues adelante, haz de esto tu profesión pese a todo y a todos.

Si eres buen profesional le sacarás provecho hasta al hecho de pintar lunares.

Sincerely. Adela Leonsegui*


EL BAÚL DE EUROVISIÓN

Ayer trataba de explicarle a una artista argentina, Agustina Nuñez, qué es exactamente Eurovisión. A ver, es un concurso de canciones de países europeos, esa es la parte fácil, lo dificil viene después: ¿cómo contar las filias y fobias que el evento provoca?. Esa es otra historia y no nos ponemos de acuerdo.

Sinceramente hace ya bastante tiempo que perdí el interés por el festival, aunque soy capaz de divertirme, y muchísimo si me lo trago entero en compañía de amigos. Soy capaz de votar e incluso defender a muerte a quienes me hayan sonado mejor, ¡lo que hacen los expectadores del fútbol con sus equipos vamos!.

Poco a poco el concurso ha dejado de provocar interés y no debería, pues es de las pocas ocasiones en que los artistas se atreven a cantar en directo. Quizá un buen restyling le vendría bien y podríamos empezar por vestir mejor a quienes van a representarnos.

A ver, España (es como en los concursos de mises, a los representantes se les llama por su país de origen, no por su nombre) ha ganado en dos ocasiones, una con Courreges (Massiel) y otra con Pertegaz (Salomé), ¡nivelón!. Pues manos a la obra, busquemos en el baúl de los recuerdos, que cantaba aquella, y empecemos a probar:

Un delphos de Mariano Fortuny

El plisado de Mariano Fortuny, el secreto mejor guardado de la moda, es demasiado sobrio para un escenario tan grande, quizá en una fiesta más íntima resulte pero aquí no sé yo.

El bourdelle de Alix Grès

Los drapeados de Alix Grès te cambian, necesariamente, el movimiento del cuerpo, te hacen volátil, etérea, una maravilla de la que siguen bebiendo numerosos modistos, pero en esta ocasión no queremos desaparecer, sigamos buscando.

Un corset de Mainbocher

La casa que vistió a Wallis Simpson en su boda, con esta introducción puede ser un valor seguro, pero lo del corset igual recuerda demasiado a la Madonna de los conos creada por Gaultier y no sabemos si eso lo entenderá el jurado.

Un vestido al bies de Madame Vionnet

 ¡Guau!. Un corte al bies es fabuloso para bailar, le da vida propia a un vestido y si además está adornado con flecos de oro no podrán dejar de mirarnos. Sería perfecto si no tuviéramos que salir a escena con dos guardaespaldas.

El cocoa de Cristóbal Balenciaga

Esto es costura y de la buena, además español, con un museo y todo. Una apuesta nada desdeñable que haría que el resto de Europa se diera cuenta por fín de lo elegantes que somos los Españoles, aún no se lo creen. Pero ¿quien tiene hoy día una de esas mini-cinturas?

Este año la representante de Italia, Nina Zilli vestirá de Vivienne Westwood (teniendo a Armani, Gucci, Cavalli, Versace y tantos otros, no lo entiendo). No sé cómo vestirá nuestra chica, espero que nos deje en buen lugar no sólo con su voz, que la tiene y muy buena, sino con su look, ¡por favor, por favor, que esté estilosa!.

Sincerely. Adela Leonsegui*


LA PLAYA DE MI AMOR

Soy playera, cantando como cantaba Antonio Molina que era minero.

Soy playera de playas salvajes y urbanas.

Playera de día, de silla, toalla y paseos por la orilla.

Playera de tarde, de puestas de sol con sal en la piel.

Playera con amigos en esos días que parece que no acabarán nunca

Y playera en la tranquilidad de aquellos otros que te avisan la llegada del otoño.

Soy playera hasta la médula, incluso hubo un tiempo lejano en que me creí sirena.

Sincerely. Adela Leonsegui*


MARIA ANTONIETA EN VERSALLES

Horace Walpole decía de María Antonieta “cuando danza, no guarda la medida; sin duda, la medida se equivoca”.

La ingeniosa frase no viene a cuento, pero me sirve de introducción.

Tomarle la medida a aquello a lo que te dedicas es la mejor manera de disfrutar porque es cierto que el mundo necesita gente que ame lo que hace y la mejor manera de empezar a amar algo es conociéndolo.

Saber por dónde hay que empezar cada día, por qué y dónde lo dejé ayer y cómo continuar, seguir investigando para perfeccionar, hacer fácil lo dificil -todo lo es si el tema se desconoce-, tener el control, son las claves para que un trabajo o un hobby se conviertan en una pasión.

Pero ¿y si en lugar de conformarnos con amar lo que hacemos, ¡que ya es!, nos proponemos hacer lo que amamos?.

He llegado al convencimiento (tardío) de que hay que perseguir con pasión aquello que te apasiona, porque hacer lo que amas no sólo te convierte en una persona feliz, sino en gran profesional.

Un desfile en Versalles, una Maria Antonieta del siglo XXI, un diseñador que ama lo que hace: Chanel cruise 2013.

Sincerely. Adela Leonsegui*


DESPERTARES DE CANNES EN COLOR

¿Pero quién quiere vivir una vida en blanco y negro?

Un martini rojo con su rodaja de naranja me devuelve al color, a los vuelos low cost con los que te plantas en Niza en menos de un santiamén para pasear por la croisette de Cannes, eso sí como mera turista o cotilla

a las mil fotos digitales que puedo hacer en un momento sin que me cueste un duro el revelado

a los labios que también son rojos para quienes los ven en revistas

a las plumas que se mueven

a las gasas de colores

a las estrellas que otros, en otro tiempo, mirarán con nostalgia

Porque este es mi tiempo, nuestro tiempo, ojalá que nadie nos lo estropee…

Sincerely. Adela Leonsegui*


SUEÑOS DE CANNES EN BLANCO Y NEGRO

El festival de cine de Cannes cumple 65 años.

Quizá porque algunas de las fotos más bellas de mis padres están hechas en blanco y negro, es por lo que cuando pienso en Cannes yo vea sus mejores imágenes en esos colores.

Puede que, necesariamente, el festival esté ligado de manera inseparable a la palabra Glamour, eso que nadie es capaz de definir más allá de un “je ne sais quoi” y que yo asocio, también de manera inseparable, a aquellas mujeres de los 50 con sus curvas y sus poses, algunas imposibles e incluso impostadas…

Tal vez, porque los actores europeos, entonces mucho más presentes, estaban hechos de otra madera

O porque, entonces, las niñas sí querían ser princesas y hacían lo posible para ello

Puede que no imagine un martini en el Hotel Martínez en otro color que no sea el blanco y negro. No yo no lo veo.

Y es que lo que tenía aquél festival de Cannes con el que soñábamos eran grandes dosis de la inalcanzable Costa Azul, aquella que no soñábamos ver, ni mucho menos pisar, cuando todo era en blanco y negro.

Sincerely. Adela Leonsegui*


MARI TRINI Y EL ESPEJO MUTANTE

A menos que tengas un vestidor de película, o sea, del tamaño de un plató, es muy posible que hoy te plantees hacer el cambio de armarios: guardar por fin la ropa de invierno y sacar la de verano (glup!).

Empiezo con la parte del invierno:

Esta prenda, que no he parado de ponerme, está llena de bolas pero ya las quitaré la próxima temporada (sé que no lo haré pero, como una Escarlata O´Hara del siglo XXI, no es algo en lo que me vaya a parar a pensar hoy).

Esta otra, que no me he puesto en todo el invierno, la voy a guardar porque nunca se sabe…

De pronto, en el caos de mi armario, aparece algo que ni recordaba que tenía y que, sinceramente, no he echado de menos: me propongo ser más ordenada de aquí en adelante.

Luego viene la parte optimista: ropa que año tras año te acompaña bajo la perspectiva de que te vuelva a caber (ja!) o de que se te vaya la cabeza y te importe un comino ir embutida cual Jenifer Lopez

En cuanto a la ropa de verano:

En la primera bolsa encuentro camisetas: una descolorida, otra descolorida, una con las costuras torcidas, otra horrorosa que no recuerdo cómo llegó a mi armario, alguna de propaganda, todas las que guardé por no pararme a pensar. En fin, que lo que me queda son cuatro camisetas de nadadora en negro, blanco y algún color que este año no se lleva para nada.

Abro la segunda: vestidos. Me encuentro con alguna antigualla de la que nunca me he querido desprender, porque nunca se sabe, pero que no me voy a poner ni muerta.

Sigo con los pantalones. Resulta que hace cinco temporadas que sólo se han llevado los pitillos y los leggins y que este año lo que hay que ponerse es un pantalón pijama. Se me pasa por la cabeza reciclar uno que tengo de raso… pero mi pepito grillo me para los pies.

Me llevo una alegría, unos cuantos gorros, pamelas y sombreros que, asombrosamente, están en perfecto estado y me siguen quedando bien.

La sección zapatos también me da una alegría, aunque seguramente encontraré alguna excusa para comprar, al menos, un par nuevo.

Dejo para el final, a sabiendas de lo que me espera, los bañadores y bikinis. Me entran hasta escalofríos. Voy despacito a mirarme, casi de puntillas, tan blanquita, cuando me veo no doy crédito, pienso si, como en Alicia a través del espejo, alguien está ocupando mi puesto en el reflejo porque esa chica si, no, esa no soy yo.

Sincerely. Adela Leronsegui*