ENVIDIA PURA

Dicen que el pecado más auténticamente español es la envidia. Yo no sé si la envidia sana existe, creo que son palabras contradictorias, porque la desdicha por el bien ajeno no puede ser saludable bajo ningún concepto. Pero cuando con una sonrisa en la boca, un ligero movimiento de cabeza y un guiño se le dice a alguien ¡qué envidia!, estoy segura que tiene mucho más de piropo que de coraje (en el sentido de ira, no de valor).

He presenciado el desfile de Haider Ackermann con todos los elementos de la envidia piropera hacia las modelos calándome por los cinco sentidos.

EL TACTO. La suavidad de las pieles, tan maleables… al contacto con sus propias pieles

LA VISTA. Se ve a legua, el patronaje es perfecto y nadie que no sea una de ellas se puede permitir ese largo de falda.

EL OLFATO. El olor a calidad de los tejidos que las envuelven.

EL GUSTO. Un gusto exquisito ir vestida con los colores azafrán y mostaza.

EL OIDO. Frank Sinatra cantándoles bajito.

Sincerely. Adela Leonsegui*



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